Mostrando entradas con la etiqueta UNMSM. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UNMSM. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de abril de 2014

¿El fin del sueño americano?

“Estados Unidos es donde las grandes cosas son posibles”. Estas son palabras de Elon Musk, cuya asombrosa carrera ilustra que el sueño americano todavía puede hacerse realidad.
 
Musk nació en Sudáfrica, pero emigró a Estados Unidos, a través de Canadá, en la década de 1990. Después de completar sus estudios en economía y física en la Universidad de Pensilvania, se mudó a Silicon Valley con la intención de enfrentar tres de los más “importantes problemas que afectarían más el futuro de la humanidad”: internet, la energía limpia y el espacio. Tras fundar PayPal, Tesla Motors y SpaceX, ha conseguido una tríada asombrosa. A sus 42 años de edad, su riqueza se calcula en US$2400 millones. ¡Así se hace!
 
 
Pero por cada Musk, ¿cuántos jóvenes talentosos están allí afuera y nunca tienen uno de estos golpes de suerte cruciales? Todos saben que Estados Unidos ha cobrado una mayor desigualdad social en décadas recientes. De hecho, la última campaña presidencial fue dominada por lo que resultó ser una competencia desigual entre “el 1 por ciento” y “el 47 por ciento”, cuyos votos Mitt Romney descartó.
 
Pero el verdadero problema tal vez sea más insidioso de lo que insinúan las cifras sobre los ingresos y la distribución de la riqueza. Aún más perturbadora, es la creciente evidencia de que la movilidad social en Estados Unidos ahora ofrece lo peor de ambos mundos: ¿alta desigualdad con baja movilidad social? ¿Y qué tal si esto es uno de los obstáculos estructurales ocultos para la recuperación económica? En verdad, ¿qué tal si la política monetaria actual está empeorando el problema de la movilidad social?
 
Esto debería ser agua para el molino de los conservadores estadounidenses. Pero los republicanos han reprobado en este reto. Al no poder distinguir entre desigualdad y movilidad, han permitido que los demócratas, de hecho, hagan equiparables las dos, dejando a los republicanos como el partido del 1 por ciento, difícilmente una estrategia para ganar elecciones.
 
A costas suyas, los conservadores estadounidenses han olvidado la famosa distinción de Winston Churchill entre izquierda y derecha: que la izquierda favorece la línea; la derecha, la escalera. Los demócratas de hecho apoyan políticas que motivan a los votantes a hacer fila por subsidios, políticas que a menudo tienen la consecuencia accidental de atrapar a los destinatarios en una dependencia del Estado. Los republicanos necesitan comenzar a recordarle a la gente que el conservadurismo se trata de algo más que solo recortar beneficios. Se supone que trata de hacer que la gente suba en la escalera de la oportunidad.
 
La desigualdad y la movilidad social están, por supuesto, relacionadas. Pero no son la misma cosa, como afirman los liberales.
 
Empecemos por la desigualdad. Ahora es bien sabido que a mediados de la década de 2000, la proporción de ingreso que iba al 1 por ciento de la población en la cima regresó a como era en la época del Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald. El ingreso promedio del 1 por ciento fue aproximadamente 30 veces más alto que el ingreso promedio de todos los demás. La crisis financiera disminuyó la brecha, pero solo un poco, y brevemente. Ello se debe a que el objetivo primario (y declarado) de la política monetaria de la Reserva Federal desde 2008 ha sido subir el precio de los activos. ¿Adivine qué? Los ricos poseen la mayoría de estos. Para ser precisos, el 1 por ciento en la cima posee alrededor de 35 por ciento del valor total neto de Estados Unidos, y 42 por ciento de la riqueza financiera (nótese que solo en otra economía desarrollada el 1 por ciento posee una proporción tan grande de la riqueza: Suiza).
 
Al restaurar el mercado bursátil a como estaba antes de la crisis, la Reserva Federal no ha logrado mucho en cuanto a una recuperación económica. Pero ha tenido un éxito brillante en hacer más ricos a los ricos. Y a sus hijos.
 
Según Credit Suisse, aproximadamente un tercio de los más o menos 1000 multimillonarios del mundo en 2012 eran estadounidenses. Pero de estos, poco menos del 30 por ciento no lo eran por su propio esfuerzo, una proporción significativamente mayor que la de Australia y el Reino Unido. En otras palabras, hoy un multimillonario estadounidense tiene más probabilidades de que haya heredado su riqueza que uno británico.
 
Este es solo uno de muchos indicadores de una menor movilidad social en EE UU. Según una investigación publicada por el alemán Instituto para el Estudio del Trabajo, 42 por ciento de los hombres estadounidenses que nacen y crecen en el quinto más bajo de la distribución del ingreso terminan por quedarse allí de adultos, en comparación con solo 30 por ciento en Gran Bretaña y 28 por ciento en Finlandia. Las posibilidades de un estadounidense de subir del quinto más bajo al quinto más alto son de 1 en 13. Para un muchacho británico o finés, las posibilidades son mejores: más cercanas a 1 en 8.
 
Cierto, la distribución relativamente plana del ingreso en los países escandinavos facilita el pasar del fondo a la cima; hay menos distancia financiera que cubrir. Pero no se puede decir lo mismo de Gran Bretaña. De hecho, lo sorprendente de la investigación más reciente sobre la movilidad social es que el Reino Unido —que solía tener la estructura de clases más rígida en el mundo desarrollado— ahora se arriesga a perder ese título ante Estados Unidos. Con razón la serie televisiva Downton Abbey es tan popular aquí.
 
El sueño americano se ha convertido en una pesadilla de inmovilidad social. Según una investigación de Pew, poco menos del 60 por ciento de los estadounidenses que creció en el quinto más alto de los ingresos terminó quedándose en los dos quintos más altos; una proporción fraccionalmente mayor de quienes nacieron en el quinto más bajo —60.4 por ciento— terminó quedándose en los dos quintos más bajos.
 
Este es el EE UU tan vívidamente descrito por Charles Murray en su libro de grandes ventas Coming Apart. En un extremo de la escala social, viviendo en lugares con nombres como “Belmont”, está la “élite cognitiva” de aproximadamente 1.5 millones de personas de que habla Murray. Ellos y sus hijos dominan las admisiones de las principales universidades del país. Se casan entre sí y se apiñan en menos de 1000 vecindarios exclusivos, los enclaves de la riqueza que Murray llama las SuperZonasPostales.
 
En el otro extremo, hay lugares como “Fishtown”, donde nadie tiene más que un diploma de preparatoria; una proporción creciente de niños vive con un solo padre, a menudo una joven y poco educada “madre nunca casada”. No solo los hijos ilegítimos han aumentado en tales lugares, también lo ha hecho la proporción de hombres que se dicen incapacitados para trabajar a causa de una enfermedad o discapacidad o que están desempleados o que trabajan menos de 40 horas a la semana. El crimen prolifera, al igual que la tasa de encarcelamientos. En otras palabras, problemas que solían estar desproporcionadamente asociados con las comunidades afroestadounidenses ahora son endémicos en los campamentos de casas rodantes y las barriadas de alto riesgo habitadas por blancos pobres. Naces allí, te quedas allí, a menos de que te metan a la cárcel.
 
¿Qué salió mal? Los liberales estadounidenses argumentan que el aumento en la desigualdad inevitablemente provoca una disminución en la movilidad social. Esto fue lo que Alan Krueger, presidente del Consejo de Asesores Económicos, tenía en mente por allá de enero, cuando elaboró la “Curva del Gran Gatsby”, mostrando que los países más desiguales tienen menos movilidad social. (Esperen, ¿no era Gatsby un contrabandista por su propio esfuerzo?) Pero para los ojos europeos, esta también es una historia familiar de trampas de pobreza creadas por bienintencionados programas de bienestar social. Considere el caso resaltado por Gary Alexander, el exsecretario de bienestar público de Pensilvania. A una madre soltera con dos hijos pequeños le va mejor con un empleo de medio tiempo por solo
US$29 000 anualmente —además de los cuales recibe US$28 327 en varios beneficios— que si aceptase un empleo que pagase US$69 000, de los cuales pagaría US$11 955 de impuestos.
 
Otro buen ejemplo es el crecimiento en la cantidad de estadounidenses que reclaman beneficios por incapacidad a la Seguridad Social. A mediados de la década de 1980, poco más del 1.5 por ciento de la población recibía tales beneficios; hoy es cercano al 3.5 por ciento. Tampoco (como solía ser el caso) los destinatarios son principalmente viejos. Aproximadamente 6 por ciento de la población con edades entre 45 y 54 años —mi grupo de edad— es beneficiario del seguro de incapacidad de la Seguridad Social. Los pagos para trabajadores incapacitados promedian US$1130 al mes, lo cual resulta en US$13 560 al año, solo US$2000 menos que un salario de tiempo completo en el mínimo federal de US$7.25 la hora.
 
Tal vez en verdad somos menos sanos de lo que éramos hace 30 años, aun cuando los datos sobre la expectativa de vida dicen una historia diferente. Tal vez el trabajo en verdad se ha vuelto más demandante físicamente hablando, aun cuando el cambio de la manufactura a los servicios también sugiere lo contrario. La posibilidad más creíble es que se ha vuelto más fácil para el ligeramente enfermo o poco apto que se le clasifique como discapacitado y que opte por una pobreza ociosa en vez de una pobreza laborando, la cual solo paga un poco mejor y significa trabajar con ese exasperante dolor de espalda o esa depresión moderada.
 
De manera significativa, después de dos años de recibir beneficios por discapacidad, se califica para Medicare, inflando la cantidad siempre creciente de beneficiarios del programa de bienestar más oneroso del gobierno federal. Justo ahora, el gasto federal en el cuidado a la salud, según la Oficina de Presupuestos del Congreso, está cercano al 5 por ciento del PIB, pero se predice que se duplicará para la década de 2040. Huelga decirlo, esto refleja el gran cambio demográfico que inexorablemente está aumentando la proporción de adultos mayores en la población. Pero considere cómo la combinación de una población envejecida y los programas de bienestar social están trabajando para reducir los recursos disponibles para los jóvenes.
 
Según el Instituto Urbano, la proporción actual de gasto federal en los jóvenes es cercana al 10 por ciento, en comparación con el 41 por ciento que va a las porciones no infantiles de la Seguridad Social, Medicare y Medicaid. El gasto gubernamental per cápita —incluidos los presupuestos estatales y locales— es aproximadamente el doble para los viejos que para los niños. Tal vez no sorprenda que la tasa de pobreza infantil sea más del doble que la tasa de pobreza en adultos mayores. Pregúntese usted mismo: ¿qué posibilidad tiene la movilidad social de aumentar en una sociedad que se preocupa dos veces más por la abuela que por el nieto?
 
El único misterio que queda es por qué este conflicto generacional todavía no se ha vuelto un problema serio en la política estadounidense. Incomprensiblemente, los jóvenes votantes todavía tienden a alinearse con las mismísimas organizaciones que parecen más dispuestas a incrementar las cargas futuras del gobierno (sin mencionar el índice de desempleo juvenil), especialmente los sindicatos del sector público.
 
Al escribir en 1960, el economista Friedrich Hayek hizo una predicción notable sobre las consecuencias finales del estado de bienestar social. “La mayoría de quienes se jubilarán hacia el final del siglo”, escribió él, “dependerán de la caridad de la generación más joven. Y finalmente no será la moral sino el hecho de que los jóvenes abastecen a la Policía y el Ejército lo que decidirá el problema: campos de concentración para los viejos incapaces de mantenerse por sí mismos posiblemente sea el destino de una generación envejecida cuyo ingreso depende por completo de forzar a los jóvenes”.
 
Hayek tuvo razón al decir que para 2000 la generación de la posguerra esperaría que los jóvenes cargasen con los costos crecientes de sus jubilaciones extensas y generosamente financiadas. Casi el único entre los economistas de la posguerra, él vio el conflicto generacional que suponía el estado de bienestar social. Pero se equivocó con respecto a cómo reaccionaría la generación más joven. Lejos de cercar a los viejos y ponerlos en campos, los jóvenes son las víctimas dóciles.
 
Una explicación posible de esta docilidad radica en la otra razón principal para la disminución en la movilidad social: el fracaso desastroso de las preparatorias estadounidenses en los lugares como el Fishtown imaginario de Murray.
 
A pesar de que se triplicó el gasto por pupilo en términos reales, la educación secundaria estadounidense está fracasando. Según el Consejo de Relaciones Exteriores, tres cuartos de los ciudadanos de EE UU entre los 17 y 24 años no están calificados para unirse al Ejército porque son físicamente inaptos, tienen antecedentes penales, o tienen niveles inadecuados de educación. Un tercio de los graduados de preparatoria reprueba la obligatoria Batería de Exámenes Vocacionales y de Aptitud  de los Servicios Armados. Dos quintos de los estudiantes en universidades cuatrienales necesitan tomar cursos de recuperación para reaprender lo que no pudieron dominar en la preparatoria.
 
En una comparación internacional, Estados Unidos ahora está en el medio de la clasificación de aptitud matemática en adolescentes de 15 años. El estudio más reciente del Programa Internacional para la Evaluación de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico fue concluyente: en matemáticas, la brecha entre los adolescentes del distrito de Shanghái de China y los de Estados Unidos es tan grande como la brecha entre los adolescentes estadounidenses y los albaneses.
 
Pero la verdadera conmoción es la diferencia entre niños ricos y pobres. A los cuatro y cinco años de edad, los niños del quinto más pobre de hogares ya están 21.6 meses detrás de los niños de los hogares más ricos de EE UU, en comparación con 10.6 meses en Canadá. La proporción de los quinceañeros que son funcionalmente analfabetos (por debajo del nivel 2 en las pruebas PISA) es de 10.3 por ciento en
Canadá. En EE UU es de 17.6 por ciento. Y los estudiantes de los grupos de clases sociales más altas tienen dos veces más probabilidades de ir a la universidad que quienes están en las clases más bajas.
 
Mientras tanto, hay señales perturbadoras de que las instituciones educativas de élite en EE UU están regresando a su viejo papel de escuelas de etiqueta para los hijos de una élite hereditaria, el papel que tenían cuando F. Scott Fitzgerald se divertía en Princeton.
 
En una crítica perturbadora a las políticas de admisión en la Liga Ivy, el editor de American Conservative, Ron Unz, recientemente señaló cierta cantidad de anomalías desconcertantes. Por ejemplo, desde mediados de la década de 1990, los asiáticos constantemente han sumado aproximadamente 16 por ciento de la matrícula de Harvard. En Columbia, según Unz, la proporción de asiáticos en realidad ha disminuido de 23 por ciento en 1993 a menos de 16 por ciento en 2011. Aun así, según el censo de EE UU, la cantidad de asiáticos con edades entre 18 y 21 años se ha más que duplicado en ese período. Aún más, los asiáticos ahora suman 28 por ciento de los semifinalistas de las Becas Nacionales al Mérito y 39 por ciento de los estudiantes en el Instituto de Tecnología de California (CalTech), donde las admisiones se basan únicamente en el mérito académico.
 
Tal vez quienes están a cargo de las admisiones en la Liga Ivy tienen buenas razones para sus decisiones. Tal vez sea correcto que ellos deberían hacer más que simplemente elegir a los estudiantes más talentosos académicamente hablando y trabajadores que soliciten su ingreso. Pero no se puede rechazar, sin pensarlo dos veces, la posibilidad de que, sean cuales sean sus intenciones, el efecto neto de su búsqueda de “diversidad” es de hecho el de reducir todavía más la otrora única movilidad social de EE UU. Tampoco podemos descartar la hipótesis de que el sistema de “legado” quizá sea la clave aquí, conforme la élite cognitiva discretamente arregla el juego a favor de sus hijos con donaciones oportunas.
 
Como profesor de Harvard, me inquietan estos pensamientos. Al contrario de Elon Musk, yo no llegué a Estados Unidos con la intención de hacer fortuna. La riqueza no era mi sueño americano. Pero sí vine aquí porque creía en la meritocracia estadounidense, y estaba más que seguro de que le enseñaría a menos beneficiarios de privilegios heredados de los que había encontrado en Oxford.
 
Ahora no estoy tan seguro.
 
Autor: Niall Ferguson
Fuente: NewsWeek
 

martes, 22 de abril de 2014

Efectista y desacertada

La impresionante redada contra el Movadef, que tuvo lugar la semana pasada, haría pensar, a juzgar por los recursos movilizados, que el Gobierno peruano reaccionó en todos los frentes ante un peligro mayor, claro e inminente.

Sobre todo si se la compara con la extraña negligencia que mantuvo en otros casos urgentes en el ámbito de seguridad.

Uno, por ejemplo, es el crecimiento explosivo de narcovuelos, especialmente en el VRAE, que han alcanzado dimensiones tales como para considerar reconstruido, (por más que sea en otra dirección) el puente aéreo que marcó el auge del narcotráfico desde comienzos de la década de 1980 hasta mediados de los 90.

Otro es la virulencia con que ha crecido el crimen organizado, especialmente el más violento. Lo peligroso de ese fenómeno es que no se trata de un proceso lento, sino uno que suele desencadenarse con rapidez y que una vez afianzado resulta mucho más difícil de enfrentar que cuando todavía es incipiente.

Ninguno de estos dos problemas ha sido enfrentado, salvo esfuerzos meritorios pero aislados, por este Gobierno con seriedad, responsabilidad y, menos aún, con eficiencia.

Entonces, al ver el aparatoso despliegue de la redada contra el Movadef, pensé que de repente el Gobierno sabía algo que los demás ignorábamos hasta ese momento.

Así que me pregunté y me pregunto de nuevo: en el caso del Movadef, ¿hay algún peligro real, nuevo, inminente? ¿Hay algo que no se conozca?

Hasta donde he podido ver, no hay nada que no se haya sabido una y cien veces.

El hecho es que se movilizó los recursos operativos más selectos del Estado para capturar a gente que hace vida pública y que no está en la clandestinidad. Al ver los arrestos, además, daba la impresión de que alguien había tenido una mala lectura de González Prada y estaba llevando a cabo una guerra alucinada contra la geriatría.

Lanzar a fuerzas combinadas de la Policía y de la Fuerza Armada, junto con decenas de fiscales, contra una organización derrotada, vencida, con un porcentaje muy alto de presos y de viejos, varios de ellos en franca entropía vital, no tiene sentido.

¿Que el mensaje de estos viejos ha calado en algunos jóvenes que desconocen o no conocen bien el pasado terrible de la guerra interna? Es verdad. Pero, ¿cuál es ahora ese mensaje? ¿Existe alguna prueba, luego de todas las investigaciones, de que se esté organizando a esos jóvenes desorientados, hacia la violencia, que se los esté preparando para la insurrección? Ninguna. No la hay en ninguno de los documentos que explican y justifican esa operación.

Debo decir que no tengo duda sobre la relación estrecha y subordinada que existe entre el Movadef y el PCP-SL que dirige Abimael Guzmán. Aquél es, en mi opinión, un ‘organismo generado’ que sigue con disciplina los objetivos del PCP-SL de Guzmán.

Pero la pregunta por responder es ¿cuáles son ahora esos objetivos?

“Perseo 2014” revela la respuesta equivocada a esa pregunta a través de una ceguera histórica: el intento de ignorar cambios fundamentales ocurridos desde 1992 hasta ahora.

Se actúa como si el SL de Guzmán fuera todavía una organización en guerra o conspirando para volver a ella.

Pero la realidad es que el SL de Guzmán es una organización derrotada, que reconoce su derrota e intenta concretar “un acuerdo de paz” desde 1993.

Lo que hasta entonces había sido la proclama radical y disyuntiva de la inevitabilidad de la guerra y la predeterminación del triunfo, se convirtió en la constatación de la derrota. Y en la aceptación de la misma.

El llamado “pensamiento Gonzalo” posterior a las negociaciones con Montesinos y sus asesores, no tiene nada que ver con lo que antes pasaba como tal.

Abimael Guzmán consiguió parar intelectualmente de cabeza a su organización, persuadirla de la necesidad de creer en y defender posiciones que antes hubieran resultado anatema. El otrora ardiente enemigo del revisionismo terminó revisando todo. Y tan fuerte fue el culto a la personalidad en su organización, que la mayoría de sus militantes lo siguió.

Desde que abortaran las conversaciones con Montesinos y Fujimori hasta ahora, pasaron muchos años. Creo que tanto Abimael Guzmán como Elena Iparraguirre asumen que morirán en prisión. Los otros condenados a cadena perpetua, también.

Buena parte de lo que ahora esperan es negociar mejoras en las condiciones penitenciarias para los que seguirán en prisión así como la libertad para los que cumplieron sus condenas. ¿Tienen derecho a pedir hablar sobre eso y discutirlo? Por supuesto que lo tienen.

Están vencidos, doblegados y han sido castigados con la mayor dureza que establece la ley. Los que quedan en prisión buscan condiciones más dignas de encierro; y los que han salido en libertad, reclaman la posibilidad de ejercer derechos básicos, como el de trabajar y expresarse libremente. Mientras sea un ejercicio pacífico y legal de esos derechos, ¿qué razón hay en denegarlos?
¿Que no han pedido perdón ni han reconocido públicamente su sangriento error y que tampoco han proclamado su lealtad a la democracia constitucional y su repudio perpetuo a la vía de las armas?
Es verdad que no lo han hecho en forma lo suficientemente clara. Pero, ¿ha habido alguien dentro del Estado que lo haya demandado dentro de un mínimo proceso de diálogo? ¿Que con ellos no hay nada que conversar? ¿Y por qué nadie de la ultraderecha protestó cuando hubo las conversaciones, Frank Sinatra y torta de chocolate de por medio, con Montesinos?

"La Historia con frecuencia entierra causas e ideas incluso antes de enterrar a las personas"

¿Que esa es una táctica de engaño del senderismo que practica “la guerra sin tiempo” y que esperará pacientemente a salir en libertad para volver a la vía de las armas?

Esa es una falacia. No existe la “guerra sin tiempo”.

Hay guerras de toda duración, desde las muy cortas hasta las muy prolongadas. Pero toda guerra tiene un comienzo y un fin. Las protagonizan seres humanos insertados dentro de la Historia, que con frecuencia entierra causas e ideas incluso antes de enterrar a las personas. Y, pase lo que pase, estas eventualmente envejecen, declinan y mueren.

En el caso de los senderistas, han pagado y saben que van a seguir pagando el precio de la derrota. Han querido negociar algunos términos de la misma con el Estado, y no han logrado interlocutor. Ha sido un error. Otras naciones, que han manejado contrainsurgencias inteligentes en el nivel político, han aceptado rendiciones después de largas guerras insurgentes y logrado el mejoramiento de condiciones de rendición o encierro a cambio de claras ventajas para la sociedad y el Estado.
Por lo pronto, el hecho es que entre los cientos de senderistas que salieron en libertad por cumplimiento de condena, el porcentaje de gente que volvió al camino de la violencia armada (política o criminal) es prácticamente inexistente.

Escribiré más sobre este tema en el futuro próximo. Concluyo con lo que para mí es evidente: en medio de problemas importantes de seguridad, que se agravan, la acción del Gobierno contra el Movadef fue efectista y errada.

Si se patea a un adversario vencido, la persecución exagerada crea un sentimiento de simpatía en muchos, que puede tornarse en solidaridad. Y el efímero efecto se esfumará entre la maraña de serios problemas desatendidos, ayer urgentes, mañana graves♦

Autor: Gustavo GorritiFuente: IDL Reporteros

Desinformación - Cuando se propala como primicia investigativa una información falsa

FotoEl día de hoy, miércoles 16 de abril, El Comercio encabezó su primera plana con un estridente titular de tres líneas, que entrecomillaba una supuesta declaración reveladora de “siniestros planes” como calificaba en el colgado.
“Hay que liberar a los camaradas para que la lucha armada no caiga” es el título, que correspondería a una supuesta expresión del hoy detenido Alfredo Crespo, abogado de Abimael Guzmán y dirigente del Movadef.
El colgado sobre el “tema del día”, explica el título: “Estrategia del terror: Al descubierto los siniestros planes de Sendero Luminoso para reactivarse”.
La presunta revelación, firmada por los periodistas Rocío La Rosa y Rodrigo Cruz Arana, se desarrolla, en toda la página dos del diario, cuyo título: “Abogados de Abimael solicitaron dinero a ‘Artemio’ para retomar lucha armada”, la resume.
La información está basada en las declaraciones de un colaborador eficaz que afirma haber sido testigo de una reunión en el Alto Huallaga entre los abogados de Abimael Guzmán, Alfredo Crespo y Manuel Fajardo, con ‘Artemio’, entonces en libertad y al mando de algunas decenas de senderistas armados.

Alfredo Crespo (Foto: Publimetro.pe)

Según el colaborador eficaz, la reunión se produjo el 14 de abril de 2008. Crespo se ocultaba bajo el seudónimo de ‘Lucas’ y Fajardo bajo el de ‘Bartolo’.
La versión abunda en detalles de lo que supuestamente se habló en esa reunión, incluido el vino y la pachamanca.
En el mismo documento, el colaborador eficaz afirma que Fajardo, ‘Bartolo”, volvió al Huallaga, y que fue recogido el 22 de junio de 2008 del hotel ‘La Muralla’, en Tingo María, por dos senderistas cuyas chapas eran ‘Chocolate’ y ‘Chanchín’ que lo llevaron a la reunión con ‘Artemio’, descrita también en la nota de El Comercio.
La historia, pese a lo vieja, es sugerente. El problema es que no es cierta. No solo es falsa sino que se sabía que lo era desde por lo menos comienzos del año pasado.
Cuando se recibió la versión por primera vez, apenas se tuvo la declaración del colaborador eficaz, algunos oficiales de la Dircote expresaron dudas sobre la verosimilitud del testimonio. Monitoreaban a los abogados de Abimael Guzmán y no se les cocinaban las fechas.
El entonces ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, encargó verificar el contenido de la supuesta revelación a un oficial de investigaciones especiales de la Dircote. Este la llevó a cabo en poco tiempo y remitió a Pedraza un informe breve, de una página, que desmintió en forma contundente lo afirmado por el colaborador eficaz.
Los dos párrafos más importantes fueron resaltados en mayúsculas por el propio oficial de la PNP:

Extracto del informe elaborado por un oficial de la Dircote.

¿Cómo supo ese oficial que Fajardo no se hospedó en el hotel La Muralla? Porque obtuvo la lista de huéspedes y la pasó por todos los filtros de identificación y antecedentes hasta estar seguro de haber asociado cada nombre a una persona en concreto. Y ahí no estaba Fajardo.
Constatar que Crespo visitó a Abimael Guzmán en la Base Naval fue bastante más fácil. El entonces jefe del Centro de Reclusión de Máxima Seguridad en la Base, capitán de Navío AP Manuel Bulnes, lo certificó así en una comunicación dirigida al jefe del INPE, José Luis Pérez Guadalupe.

No siendo ubicuo, Crespo no pudo haber estado en esa fecha en el Huallaga.
El testimonio de ese colaborador eficaz era falso, como se demostró. No fue la única falsedad incluida dentro de las investigaciones policiales y fiscales que se llevaron a cabo entonces, pero esa es materia de otra nota.
El informe, hecho para prevenir una metida de pata del ministro y del sector, se encarpetó púdicamente en el ministerio.
Pero, unos meses después, el Mininter fue hackeado y una serie de documentos que produjeron distintos grados de bochorno, fueron repartidos al ancho mundo por los hackeadores.
Entre ellos, el informe del oficial de Policía desvirtuando la declaración del Colaborador Eficaz.
Finalmente, hasta el Movadef se percató de la existencia de esos documentos y los reprodujo en sus publicaciones web.
El hecho es que El Comercio presentó como una primicia sensacional algo que había sido probado como falso primero en privado y después en público, hace varios meses.
Otros medios han metido la pata también, pero la de El Comercio es la pata más grande (o, digamos, la más concentrada) en el periodismo nacional.
¿Por qué lo hizo? Hay dos razones posibles, que no son excluyentes: Por negligencia y descuido de los criterios más elementales de reportaje y verificación; o por desinformar.
Hace pocas semanas, El Comercio cerró su unidad de investigación y casi todos los periodistas dejaron el diario.
Se fueron los periodistas Miguel Ramírez, Óscar Castilla, Fabiola Torres y Nelly Luna. De la unidad de investigación solo quedó la periodista Elizabeth Salazar, pero la unidad en sí dejó de existir.
Es poco probable que, con la disciplina de verificación que desarrolla todo aquel que se dedica a investigar, una nota como la publicada hoy a tambor batiente y platillo restallante, hubiera sido firmada por alguno de los periodistas que salió.
¿Que como el Movadef está vinculado con Sendero, a nadie le importa? Pues sí que importa, y mucho. Una Democracia que no se defiende con la verdad, tarde o temprano deja de serlo. Quienes utilizan la desinformación, manejan el arma desarrollada por las dictaduras y que las define claramente: la mentira bajo la apariencia de verdad.

Autor: Gustavo Gorriti

Fuente: IDL Reporteros